Las enfermedades o lesiones inesperadas pueden agotar rápidamente los ahorros de una familia. Los índices de ahorro personal en los Estados Unidos han disminuido en forma uniforme desde 1980, año en el que el índice de ahorro promedio correspondía al 10.4 por ciento, a una tasa de 0.5 por ciento en 2005, de acuerdo con la Oficina de Análisis Económico del Departamento de Comercio de los Estados Unidos. Si ponemos la reducción de los ahorros en perspectiva, los estadounidenses gastan actualmente más de lo que ganan, y esto no había ocurrido desde la Gran Depresión. La carencia de ahorros y la ausencia de un colchón financiero en caso de una pérdida imprevista de los ingresos son los factores que contribuyen a las morosidades y ejecuciones hipotecarias cuando una familia es víctima de una enfermedad o una lesión inesperada. En el caso de una lesión grave que impide a un propietario trabajar, la primera medida debe ser comunicarse de inmediato con la entidad prestamista e iniciar un diálogo. No espere que ocurra el primer incumplimiento en el pago hipotecario. Debe estar preparado para entregar a su entidad prestamista toda la documentación requerida, y si la persona lesionada tiene derecho a recibir ingresos por discapacidad o indemnización laboral, no asuma que ésta llegará a su buzón. Haga un seguimiento con los proveedores para asegurarse de recibir el ingreso e indique a su entidad prestamista cuánto es o será el monto que recibirá. Cuanto más diligente sea en sus esfuerzos por pagar su hipoteca o una parte de ella, mayor será la disposición de su entidad prestamista para ayudarle a manejar su crisis familiar sin tener que preocuparse por la posible pérdida de su vivienda. Mientras se encuentra en el proceso de compra de una vivienda, el comprador de vivienda habitualmente no considera el tener un plan financiero para caso de lesiones o enfermedades. No obstante la falta de planificación para lo inesperado puede ser lo que origina la morosidad de un préstamo, la ejecución hipotecaria y finalmente, la quiebra. En un estudio llevado a cabo en 2005 en Harvard, aproximadamente la mitad de los encuestados señaló que se había declarado en quiebra por razones médicas y más del 25 por ciento indicó que se declaró en quiebra específicamente debido a una enfermedad o lesión.
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